Historia talada

Recuerdo a las moreras de la Calle Libertad

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Tengo 93 años, llevo más de cincuenta en Torrejón y, de repente esta gente del Ayuntamiento me han talado los recuerdos. Se los han llevado de un plumazo, sin previo aviso, como queriendo matarme en vida. Total, ¿para qué? ¿Para seguir convirtiendo Torrejón en un erial al sol?

Durante años he visto pasar mi vida y la de mis vecinos a la sombra de las cuatro moreras de la calle Libertad que ahora, esta gente ha talado. ¿Por qué? ¿Qué necesidad? Dirán los ecologistas
que son parte del patrimonio natural del pueblo, y tendrán razón seguramente, pero lo que sí que eran seguro era parte de la historia y de la vida de muchos torrejoneros que hemos vivido en torno a esas cuatro moreras.

Historia Talada Calle Libertad Moreras Torrejón de ArdozJunto a esas moreras hemos hablado de los hijos, de las calles de nuestro pueblo, hemos “merendao”, hemos hablado de política cuando se podía. A lo mejor es por eso que nos las han quitado, para hacer desaparecer un mentidero de gente honrada que no se cortaba nunca para decir verdades. Las cuatro moreras han olido los aromas de los guisos de nuestras casas, han respetado nuestras ausencias familiares y nos han acogido en las largas noches de verano, en las mañanadas estivales, en las tardes primaverales. Han visto correr y crecer a nuestros hijos. Junto a las moreras
controlábamos al Santi, en su quiosco, suministrador oficial de chuches, golosinas y patatas con caldo de aquel viejo Torrejón.

Pero ahora las moreras ya no están. El Ayuntamiento ha decidido cortarlas y destruirlas llevándose con ellas nuestra media vida y, lo que es peor, haciendo que ahora, a mi edad, tenga
que ver pasar esa vida desde una ventana. Ventana desde la que no alcanzo a ver bien a mis vecinos, desde la que no tengo recuerdos… Una ventana que me asfixia en verano y me encierra en invierno.

La tala de las moreras de la calle Libertad es una agresión directa a personas que, como yo, escasamente pueden andar y se aferraban a esos cuatro árboles para seguir viendo pasar la vida a la sombra de la familia, de los amigos… de la buena gente de Torrejón.

Quizás, cuando decidan colocar los bancos en esa plaza ya no estaré. Pero ¿qué serán unos bancos sin sombra? Pues nada, como una vida sin abrazos. Y eso eran las moreras de la calle Libertad, un abrazo vecinal que os habéis cargado… sin piedad. ¡Allá vuestras conciencias!

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