La huelga en Boyacá deja sin periódicos a todo Madrid

La empresa quiere despedir a la mitad de su plantilla el próximo 31 de agosto

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Hasta hace muy pocos años eran una imagen habitual en las calles de las grandes ciudades, contándose más de veinte en Torrejón, pero la subida de tasas aprobada por el Gobierno del PP más la caída de ventas ha provocado que muchos quioscos de prensa hayan tenido que cerrar para siempre ante la inviabilidad del negocio.

El motivo es que, a la crisis económica en que lleva inmersa España desde hace diez años, se suma la crisis del papel, que ha recortado tiradas y ventas de los periódicos, sustituyendo el consumo de información por los diarios online.

Y a este negro panorama se suma, desde hace una semana, un nuevo conflicto laboral que ha dejado sin diarios a todos los quioscos de la Comunidad de Madrid, conflicto que, al igual que los de Amazon y H&M tiene su origen en Torrejón.

Así, los trabajadores de la empresa torrejonera Boyacá se ponían en huelga el pasado viernes tras fracasar el último intento de negociación con la multinacional que controla la distribución de todos los diarios, que pretende despedir a la mitad de la plantilla el próximo 31 de agosto, y recortar a la mitad el sueldo de los que queden.

Pero para entender el conflicto hay que viajar en el tiempo. Boyacá nace en 1974 en Loeches, tras la llegada a Madrid de Urbano Villanueva, repartidor del Faro de Vigo, que abre su propia empresa a pocos meses del comienzo de la Transición. Precisamente será el contrato en exclusiva con el primer diario de la Transición, El País, el que impulse a una empresa destinada a convertirse en la principal repartidora de prensa de España. Urbano, muy aficionado a las competiciones de motor (Boyacá llegará a tener un equipo en la Clío Cup), enseguida consigue contratos de distribución con buena parte de los periódicos del país.

Viendo el enorme poder que estaba consiguiendo la empresa, las principales cabeceras crean, en 2011, la empresa DIMA para hacer frente al gigante, pero no son capaces de competir con Boyacá y terminan vendiendo la empresa en 2013.

Desde ese momento la posición de Boyacá es casi de monopolio encubierto, sobre todo tras comprar otras empresas del ramo como eran Redprensa y RDE, y alcanzar acuerdos de exclusividad con Prisa, Unidad Editorial, Vocento, Joly, La Voz de Galicia y Heraldo de Aragón.
Esta situación de dominio les lleva a comenzar a presionar a los propios quioscos, a los que llegan a exigir una llave si quieren recibir la prensa diaria. La negativa de buena parte de estos quioscos es el comienzo de un proceso que lleva al cierre de muchos, y pone al borde del abismo a los demás.

Y mientras, tampoco sus trabajadores tienen mejor trato por parte de la empresa que ahora es presidida por Álex, el hijo de Urbano Villanueva. Así, tras alzarse con el control casi total de la distribución de prensa, Boyacá modifica sus condiciones laborales (algunos de ellos con más de treinta años de antigüedad), lo que supone un recorte de un 30% del salario de sus empleados, que además se convierten en “falsos autónomos”

Este recorte es aceptado con la promesa de negociar un nuevo contrato, un contrato cuya negociación lleva paralizada cinco años, y que la empresa pretende cerrar con otro recorte de 130 trabajadores y un 50% del total que se paga a cada repartidor.

Y es que, con la Reforma Laboral de Rajoy en la mano, al ser considerados autónomos sus contratos son de obra y servicio, por lo que la relación entre empresa y trabajadores se limita a un contrato que puede romperse en cualquier momento. Precisamente, lo que creen los trabajadores es que Boyacá pretende no renovar ninguno de los contratos con la intención de contratar a trabajadores más baratos.

Esta situación es la que ha llevado a los repartidores a una huelga que lleva casi una semana, y que no parece tener visos de solucionarse. De tal forma, el pasado viernes, al cerrarse en falso las negociaciones, los trabajadores celebraban Asamblea en la nave que Boyacá tiene en el polígono de Las Monjas, en la que aprobaban el inicio inmediato de una huelga indefinida. Como consecuencia, se atrincheraban dentro de la nave paralizando el reparto.

Desde el primer momento la empresa intentó “reventar” la huelga, enviando a los antidisturbios, que “desalojaban” la nave, si bien no conseguían que saliese ninguna de las furgonetas de reparto. Como consecuencia de la tensión, un trabajador sufría un ataque al corazón que le enviaba al Hospital.

Al día siguiente la tensión aumentaba, con la detención de cuatro trabajadores integrantes de un piquete en Madrid Capital, y la empresa declaraba el cierre de la nave mientras contrataba el reparto con Uber y Cabify. Eso sí, como la guerra la tienen también con los quioscos, esos repartidores advenedizos se utilizaron únicamente para el reparto de prensa a los abonados.
Esta práctica de esquirolaje, idéntica a la utilizada por Amazon tan sólo una semana antes, era denunciada por los sindicatos ante la Inspección de Trabajo.

Así, repartidores y quiosqueros son los grandes damnificados de una huelga atípica. Y es que, por aquello de ser autónomos, los sindicatos no se han interesado por la situación en Boyacá. Tan sólo han recibido el respaldo del sindicato CNT, mientras que UGT se ha propuesto para intermediar entre empresa y trabajadores. Además se han pronunciado sobre el conflicto asociaciones de autónomos y los partidos PSOE, IU, PCE, Equo y Podemos.