Texto: Pedro Manuel García Carvajal – Fotos: Fran Ruíz

Accedo, con gran gusto, al ofrecimiento de 28850.es La Voz de Torrejón para contar a sus lectores cómo fue la actividad de divulgación ambiental realizada en Soto de Espinillos el pasado 28 de mayo dentro de las II Jornadas de Biodiversidad, Territorio y Paisaje que organizan el ayuntamiento y la universidad de Alcalá.
Pero, antes de nada, deseo agradecer a este periódico la acogida que la convocatoria de dicha actividad tuvo y cómo su promoción propició la participación de una decena de torrejoneros y torrejoneras, con no pocos niños que irán sintiendo este rincón alcalaíno como el valor natural del que se pretende concienciar.

Soto de Espinillos

Soto de Espinillos es un apéndice occidental del término municipal de Alcalá que acompaña al río Henares hasta escasos metros del cementerio de Torrejón de Ardoz. Se trata de un espacio baldío, abandonado en sus usos agroganaderos y sin urbanizar de unas 170 hectáreas (170 campos de fútbol).

Desde Ecologistas en Acción de Alcalá, siempre hemos destacado el valor de este intersticio rústico entre los núcleos urbanos de Torrejón y la ciudad complutense por los grandes valores que posee y este año no podíamos circunscribirnos al ámbito municipal alcalaíno sino abrirnos a los vecinos del cinturón de la ciudad cervantina; ni podemos entender que la naturaleza entiende de fronteras administrativas ni podemos seguir creyendo que Alcalá es ese núcleo urbano que conocemos sino que existe una “Alcalá funcional” que abarca a numerosas pequeñas poblaciones de su órbita y comparte territorio con una gran urbe que es Torrejón de Ardoz. Repasamos esos valores:

  1. Supone un respiro visual en un continuo urbano que empieza en Madrid y acaba en Guadalajara. Excepto el vacío del Encín entre Alcalá y Azuqueca y éste de Espinillos, uno no deja de ver “ciudad” a lo largo de 60 kilómetros.Soto de Espinillos
  2. Supone un espacio de esparcimiento y de contacto con la naturaleza para los habitantes de Torrejón de Ardoz y de la urbanización Soto del Henares en particular. Muchos de sus habitantes proceden de la capital española y destacan la proximidad de campo, que contrasta con la ausencia de naturaleza en la gran urbe de la que proceden. La pérdida de este valor ambiental impedirá este espacio de tranquilidad tan bueno para el paseo, para correr, sacar al perro, salir con los niños, montar en bici, ver pájaros, coger flores… a pocos metros de una enorme localidad de 134.000 habitantes.
  3. Posibilita que las ciudades tengan identidad propia en cuanto a núcleos urbanos definidos y separados de otros, al contrario que ocurre en conurbaciones donde uno no sabe dónde empieza y acaba el otro poblamiento: Coslada/San Fernando, Leganés/Getafe/Villaverde, San Sebastián de los Reyes/Alcobendas/Madrid, Madrid/Pozuelo de Alarcón/Majadahonda/Las Rozas… Hoy por hoy, uno sabe dónde empieza y dónde termina Torrejón de Ardoz e impide conceptuarlo como parte de una aglomeración urbana o barrio de la gran metrópoli. En cuanto a Alcalá, es especialmente valioso porque le permite ser físicamente diferenciada como ciudad histórica y secular capital de la comarca complutense, separada de esa potencial aglomeración metropolitana. Quiero recordar aquel interesante proyecto del alcalde Manuel Peinado y que consistió en definir la Muralla Verde que vendría a rodear la ciudad de Alcalá con espacios verdes y forestados para evitar la fusión con cascos urbanos vecinos y, por tanto, la conurbación.
  4. Permite que el sistema ecológico de los ríos Henares y Torote sigan haciendo su laborSoto de Espinillos como corredores ecológicos para el flujo de especies entre subunidades paisajísticas como La Campiña (estepa cerealista al norte del Henares) y La Alcarria (la otra orilla donde empiezan los escarpes, cerros y páramos hasta el Tajuña) pero también como nexos entre las tierras altas de Sigüenza/cuenca del Jalón y el Parque Regional del Sureste/Tajo.
  5. Es una pieza clave dentro de la red Natura 2000 europea ya que el Henares y el Torote a su paso por Espinillos están declarados Lugar de Interés Comunitario (LIC), que unen espacios protegidos como la ZEPA de las Estepas cerealistas de los ríos Jarama y Henares (Zona de Especial Protección para las Aves famosa por las aves esteparias como las avutardas) o determinados barrancos de los cerros de Valdealcalá como el Cerro del Viso o el Barranco del Lobo.
  6. Pueden ser un elemento de absorción del CO2 o de termorregulación en esta inmensa isla térmica y fuente de contaminación atmosférica que es el manchurrón urbano del centro de España donde vivimos casi 7 millones de habitantes. A nadie se le escapa que los años son más cálidos y las precipitaciones tienden a ser más escasas, con lo que se hace necesario disponer de espacios rústicos con cobertura vegetal.
  7. Las vegas del Henares son suelos catalogados como de enorme calidad e interés estratégico según un estudio agronómico que realizó hace unos años la Comunidad de Soto de EspinillosMadrid. Quién sabe si necesitaríamos volver a disponer de suelos fértiles para cultivar.

Los complutenses tenemos muy a desmano el paraje de Espinillos y raro es el alcalaíno que lo conoce, por lo que es de suponer indiferencia social ante proyectos que supongan la desaparición de este modesto paraíso; nos pilla mucho más cerca las riberas desde El Encín hasta Las Armas, el Parque de los Cerros o los caminos por las llanuras cerealistas hacia Camarma y Meco. Sin embargo, los torrejoneros son los grandes garantes del mantenimiento de un Espinillos natural.

A lo largo de los años ha ido surgiendo proyectos urbanísticos que pretendían colmatar el vacío rústico entre ambas urbes. Hagamos un repaso.

  • En 1999 teníamos conocimiento de que la empresa pública Arpegio, que gestiona el ordenamiento del suelo en la Comunidad de Madrid, pretendía llevar a cabo una gran operación compuesta de dos elementos: el residencial iba a suponer la construcción de unas 6.000 viviendas en un polígono denominado “Soto del Henares” y que hoy está prácticamente consolidado dentro del término de Torrejón. La parte productiva y “medioambiental” la iba a poner Alcalá con lo que se vino a denominar “Parque Central del Henares” y que acogería una estación ferroviaria de Cercanías en lo que hoy es el olivar que está pegado al Hospital de Torrejón y un parque empresarial ligado a la industria medioambiental. Entre el olivar y el Torote habría un centro comercial considerando el lugar como el baricentro perfecto para abastecer a las dos urbes.
  • Hacia 2011 apareció en la prensa alcalaína el anuncio de construcción de la Ciudad del Cine en la finca de Espinillos y que sería un parque empresarial donde se instalarían empresas relacionadas con la cinematografía. ¿Por qué invadir espacios de valor ambiental estratégico cuando hay suelo industrial por aprovechar y polígonos con parcelas vacías y bien comunicadas como Azque, Camporroso, La Garena…?
  • En 2012 se presentó el Avance del Plan General de Ordenación Urbana de Alcalá. Un servidor, alarmado al ver que Espinillos se calificaba como suelo productivo y equipamientos como la nueva depuradora de aguas residuales de la ciudad complutense entre la desembocadura del Torote y la casa en ruinas de Espinillos, denunció en el semanario Puerta de Madrid la situación y alertando de la posible desaparición de este rincón. Poco tiempo después se consiguió que Espinillos sólo acogiera la estación centralizada de aguas residuales de Alcalá ya que las dos depuradoras que tenemos -aguas urbanas y aguas industriales- parece que se quedan pequeñas y una de ellas, la de Reyes Católicos, está pegada a las viviendas. Sin embargo, no nos consuela esta situación así que lucharemos porque Espinillos quede libre de toda urbanización.
  • Hoy, Torrejón de Ardoz está colmatando un triángulo de su término en lo que es la entrada desde la M-300 a la Avenida de la Constitución mediante una operación urbanística que se conoce como “Conexión Alcalá” debido a que se pretende cerrar la trama urbana torrejonera por el extremo oriental, haciendo de fachada norte con el olivar de Espinillos. Parece que habrá dos torres de 15 plantas y varios bloques de 7 plantas flanqueando la Avenida de la Constitución.

En aquel paseo divulgativo, acudieron 17 personas procedentes de Alcalá y 11 de Torrejón con varios niños. A lo largo de 2 horas recorrimos 5 kilómetros que empezaron en el Hospital de Torrejón.Soto de Espinillos
Cruzamos la valla que separa ambos municipios y penetramos en el olivar, el cual está sin manejo agrícola; el suelo empieza a matorralizarse y los almendros medran a la sombra de los olivos. El olivar que no se maneja acaba muriendo así que sería interesante proceder a una reactivación del mismo con carácter social y educativo.

Al salir del olivar que crece sobre una meseta, divisamos el vallejo del Torote y una bella campiña arbolada a base de almendros, olmos y moreras. Ese suelo que en un principio fue pasto para ganado y en los últimos tiempos fue terreno de regadío está siendo colonizado por herbáceas que darán paso al matorral cerrado que dificultará la alimentación de pequeñas rapaces como los cernícalos vulgar y primilla, los mochuelos o aves como la carraca, que allí habitó. Surgió la idea de mantener un rebaño de ovejas o cabras, en número asumible por la capacidad de carga ganadera de esas 170 hectáreas, que pudiera ofrecer una limpieza vegetal, el reasentamiento de fauna ligada al pastoreo en régimen extensivo o productos ganaderos de proximidad que se pudieran consumir en Alcalá y Torrejón. Una estudiada y rigurosa reforestación de esa campiña podría ser una labor de restauración paisajística y ecológica.

Anduvimos hacia el sur viendo construcciones como pequeños acueductos o acequias y Soto de Espinillosestaciones de bombeo de agua abandonadas y expoliadas por el vandalismo.
Llegamos al muy conocido complejo agropecuario de Espinillos, en ruinas y que dio trabajo a muchos vecinos de aquel lejano Torrejón de no hace demasiadas décadas. Hace poco más de un mes, el Grupo en Defensa del Patrimonio Complutense (GDPC) mandó una nota de prensa a los medios de comunicación de Alcalá cuando desconocíamos de la existencia de 28850.es-La Voz de Torrejón y en la que se alertaba del estado de avanzada ruina del complejo agropecuario.

El GDPC, al que pertenezco y vi nacer, es el punto de encuentro de miembros de la Asociación Cultural Hijos y Amigos de Alcalá y Ecologistas en Acción de Alcalá. Hace 7 años publicamos la Lista Roja del Patrimonio Complutense y que los lectores pueden consultar a través de internet. Entre los bienes amenazados está el complejo de Espinillos.

El Soto de Espinillos es uno de los raros ejemplos que permanecen, en el término de Alcalá, de un antiguo ventorro y complejo agropecuario, una pequeña colonia rural, que se mantuvo en uso hasta bien avanzado el siglo XX. Aunque sus orígenes son más antiguos,Soto de Espinillos sabemos que en junio de 1878, Pablo de Soria y Averasturi vendió esta propiedad a José de Ahumada y Centurión; quien, a su vez, vende lo que se describe como “un ventorro y terrenos en Sitio de Torote y Soto de Espinillos” (según escritura del 15/09/1888), al entonces Tte. Col. de Caballería D. Enrique Allendesalazar y Gacitúa (posterior General de Brigada). Con el cambio de propietario, la finca se transforma en una granja experimental de la “Sociedad Española contra el Ganado Híbrido”, de la que don Enrique era fundador y presidente. Tan importante fue Enrique Allendesalazar que la torrejonera calle Enmedio llevó su nombre durante seis décadas tal y como podemos leer en este fragmento de Valentina Berrocal Margallo, Archivera Municipal: “En esta finca daba trabajo a muchos jornaleros de Torrejón, “llegando a tal extremo sus humanitarios sentimientos”, dice el alcalde Adolfo Fernández, “que no los desampara (a los obreros) cuando llegan a la vejez, antes por el contrario siente más cariño hacia ellos y no les niega su inagotable protección”. El Sr. Allendesalazar concedía, de manera altruista, sustanciosos donativos al Ayuntamiento, que eran invertidos en la plantación y replantación del arbolado público, en el arreglo de las calles o como ayuda a los niños y niñas de la escuela pública. En agradecimiento a la gratitud mostrada, la Corporación Municipal decide, por unanimidad, nombrarle Hijo Adoptivo de la Villa en sesión plenaria de 6 de marzo de 1906; además, su nombre fue puesto a una de las calles más importantes de Torrejón entonces y ahora: la calle de Enmedio. El día 11 de junio de 1916, con almuerzo y fiesta, esta calle histórica del municipio pasó a llamarse Calle de Enrique Allendesalazar, nombre que mantuvo durante 63 años”. En estos terrenos se produjo también uno de los últimos vinos alcalaínos, el “Tinto del Soto de Espinillos”.

Pero, ahora, estos son tan solo recuerdos de tiempos mejores, que nunca regresaron. El abandono y la nula protección han convertido el lugar en pasto del vandalismo y los grafiteros. Cada vez restan menos muros en pie, cada vez hay más escombros y Soto de Espinillosdesolación. Se han arrancado y llevado buena parte de las vigas de madera, todo lo aprovechable. Lo que no ha sido expoliado, se quema o daña. Propiedad de la empresa pública Arpegio (es decir, de la Comunidad de Madrid), su propietario nada hace por preservarlo. El Ayuntamiento de Alcalá, ni lo conoce, ni lo recuerda, ni lo protege. Esta primavera entré a hacer un seguimiento del avance del deterioro y vi a dos chavales de 12 años peligrosamente subidos a una escalera que no tardaría en causar una desgracia; alerté a los chavales, uno de los cuales era antiguo alumno en un colegio público torrejonero en el que ejerzo como maestro, del grave riesgo que corrían y les mandé bajar con presteza. A continuación llamé a la Policía Local de Alcalá para que tuvieran conocimiento del peligro que constantemente corren los intrépidos muchachos que allí se acercan, algunos afectados por el alcohol a tenor de las bolsas con botellas que portan, a menudo, hasta allí. Numerosas llamadas a la policía consiguieron que se taparan y cegaran los huecos como ventanas y puertas pero estos son sistemáticamente echados abajo.

¿Quién moverá ficha a favor del Soto de Espinillos? Lamentablemente, conocemos las respuestas: “no hay fondos, no es el momento”. O la excusa estrella de la concejalía de Patrimonio Histórico: “No es una prioridad”. Cuando llegue el momento de que sea una prioridad, de Espinillos ya no quedará nada. Ni piedra sobre piedra, ni un recuerdo. Las fotos hablan por sí solas.Soto de Espinillos

Después nos acercamos al puente sobre el Henares y sobre el que discurría una carreterilla que viene a demostrar el nudo carretero que fue aquel ventorro de Espinillos. Como muchos torrejoneros sabrán, el estado del puente y la forja de sus laterales está en franca ruina.

Retrocedimos y anduvimos a lo largo del bosque de ribera, río abajo hasta salir a un pequeño núcleo de chabolas muy cercanas a la Ronda Sur de Torrejón, donde finalizó la actividad y donde pudimos tener una vista panorámica de este tesoro con que cuenta la localidad torrejonera para aliviar el congestionado entorno que la rodea (autovía A-2, M-50, la desdoblada carretera a Loeches, vías de ferrocarril, polígonos industriales…). Este último tramo fue muy ameno debido a la belleza del bosque compuesto por álamos, chopos, fresnos, sauces, tarajes y en donde un servidor está acostumbrado a ver, directa o indirectamente, jabalíes, corzos, cárabos, zorros, galápagos, cormoranes, garzas reales e imperiales, faisanes, garduñas e incluso mapaches procedentes de sueltas.Soto de Espinillos
Nada más, tan sólo desear que los habitantes de Torrejón os acerquéis a Espinillos con cariño, con respeto y con amor porque es una válvula de escape fundamental en una gran localidad inserta en el área metropolitana madrileña en la que la mayoría de vosotros trabajáis e invertís horas en tediosos desplazamientos laborales, atascos y contaminación. Y que cuando vuelvan a aparecer planes para sepultar este paraje bajo el asfalto y el cemento o colocar una gran depuradora para “perfumar” Torrejón, nos unamos torrejoneros y complutenses contra la pérdida de este espacio, sin importar pertenencias a uno u otro término municipal.