Una partida de hamburguesas en mal estado deja sin cenar a los pacientes del Hospital de Torrejón

Según denunciaban, les sirvieron fiambre ante la imposibilidad de servir el “plato principal” de la cena

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El pasado jueves se producía un hecho curioso en el Hospital de Torrejón, pues, tal y como denunciaban los propios pacientes, muchos se quedaban sin cenar al detectarse una partida de hamburguesas en mal estado.

De tal forma, los pacientes se aprestaban a cenar a eso de las ocho de la tarde, justo antes de descubrir que el “menú” previsto había sufrido una sorprendente variación. Lo habitual en el Hospital es servir todo el menú a la vez, pero en esta ocasión los pacientes sólo recibieron el primer plato.

Preguntando a los encargados del servicio, les contaron que las hamburguesas de pollo con tomate que pensaban servir se encontraban en mal estado, por lo que habían decidido no servirlas, y cambiarlas por unas tortillas que iban a preparar.

Ante la indignación general, los pacientes esperaron, pacientemente, las tortillas, que nunca llegaron, ya que fueron cambiadas por cuatro lonchas de fiambre, lo que dejó casi sin cenar a buena parte de los ingresados en el Hospital torrejonero.

Este suceso se producía pocos días después de que eldiario.es filtrase el borrador del informe que la Cámara de Cuentas está realizando sobre la sanidad en la Comunidad de Madrid.

Según este informe, entre 2011 y 2015, es decir, en los Gobiernos de Esperanza Aguirre e Ignacio González, se priorizó la sanidad de gestión privada sobre la íntegramente pública alegando una mayor eficiencia en el gasto. Pero la Cámara de Cuentas es contundente al respecto: “se desconoce en base a qué criterios tomaron estas decisiones, ni el supuesto ahorro o mejora en la prestación de la asistencia sanitaria que se habría podido obtener”, afirma el órgano fiscalizador. Es decir, la Comunidad no ha sido capaz de acreditar el ahorro y la mayor eficiencia de la gestión privada sobre la pública.

Pero el informe va más allá, poniendo el foco sobre el mayor grado de hospitalización de pacientes en los hospitales íntegramente públicos, algo que sólo se puede explicar bien por la libertad de elección de centro, o bien por la derivación de pacientes complejos desde los hospitales privados a los públicos, “porque no tienen la cartera de servicios precisa o pretenden reducir costes en los tratamientos más complejos o largos”, concluye el informe.

Pero aún hay más, ya que se desconocen los costes reales de la sanidad privatizada, pues al cánon oficial que tiene que pagar la Comunidad, hay que sumar otras cantidades, como las sentencias judiciales o conceptos como las bonificaciones por ahorro energético, lo que genera sobrecostes y caos contable en las cuentas de la Consejería de Sanidad.

Y ¿qué pasaría con estos hospitales si dejasen de estar hipersubvencionados por el Gobierno regional? Pues de nuevo, las cifras cantan: casi todos los Hospitales privatizados tienen saldo negativo entre los pacientes que se marchan a otro Hospital desde la zona de referencia, y los que llegan desde fuera.

Y mientras los Hospitales privatizados se convierten en un pozo sin fondo, la Consejería se ve obligada a recortar en los públicos. Así, el mismo informe desvela que existe un déficit de inversión que alcanza, en algunos casos, el 50% de lo necesario, y que, en términos globales es superior a los 56 millones de euros. Estos recortes en la inversión se han traducido en la eliminación de los créditos destinados a la construcción de edificios, trasladados íntegramente a la creación de los hospitales privatizados.

Pero la reducción del mantenimiento no es la única consecuencia de la llegada de los nuevos hospitales sobre los antiguos. El informe desvela que, durante los años analizados, se produjo una caída significativa en la plantilla de todos los hospitales públicos: un 4% menos de médicos y médicas, un 5% de reducción en personal no facultativo (enfermería, matronas, técnicos y auxiliares) y un 16% menos de no sanitarios (celadores, auxiliares administrativos). Además, el número de camas cayó un 8%, y los trabajadores fueron sustituidos por personal eventual, que llegaron a alcanzar el 35% de la plantilla en 2014. Y tan sólo una categoría se salvó de esos recortes: los directivos, donde no se registraron contratos temporales.

Recapitulando, el sistema sanitario madrileño está formado por 36 hospitales organizados en tres categorías distintas: los íntegramente públicos, los semiprivatizados y los de gestión pivada. La mayor parte, 26, forman parte de la red pública y su gestión es íntegramente pública. A esta categoría corresponde el Hospital de referencia del Corredor del Henares, el Príncipe de Asturias de Alcalá.

Los seis hospitales semiprivatizados se caracterizan porque tienen externalizados todos los servicios no sanitarios, que gestionan, directa o indirectamente, las empresas que construyeron los centros. A este grupo pertenecen los Hospitales Infanta Sofía, Infanta Cristina, del Henares, del Sureste, del Tajo y de Vallecas.

Por último, los Hospitales de gestión privada son gestionados directamente por una empresa, que fue la misma que construyó el centro y lo gestionará por un tiempo no menor a cuarenta años. A este modelo, conocido como “modelo Alzira” por nacer en la localidad valenciana, pertenecen los Hospitales Infanta Elena, Torrejón, Villalba y Rey Juan Carlos. Según el informe, son estos hospitales los que derivan a la red pública pacientes que no pueden tratar al no contar con especialistas en su cartera de servicios.